Los Libros De La Guerra

Mi Padrepoemas De Arturo Carrera

La Politica Cultural Del Gobierno Democratico

La Herencia Cultural Del Proceso

El Doctor Cormillot

Y La Gran Maquina De

La Psicología Profunda De Zaratiegui

Aventuras Espaciales

Intentan Deteriorar La Imagen Del Poder Ejecutivo

La Oligarquía Ni Existe

¿Una Ola De Crímenes?

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

los Libros de la guerra

EL PORTEÑO AGOSTO DE 1984

 

 

 

Las maneras que eligen los pueblos para contarse su historia también

son Historia. Fogwill analiza algunas descripciones y relatos que,

mientras escriben la historia, nos están escribiendo a todos.A la fecha sumaban medio centenar. Empezaba julio y revisando librerías y bibliotecas, podían hallarse unos cincuenta libros que narran o se interrogan acerca de la llamada guerra sucia.

 

Massuh: identificar al enemigo

Si se exceptúan "Nihilismo y Experiencia Extrema" de Massuh y el curioso volumen colectivo que editó el empresario Piñeiro Pacheco con el título "Pensar la Argentina", en los primeros años del llamado "proceso", la ofensiva editorial corrió por cuenta del bando perdedor: las organizaciones subversivas y los sectores políticos y culturales que, sin asumir los objetivos o los métodos de la guerrilla, compartían con ella el repudio hacia el terror de Estado.

EI libro de Massuh estaba dedicado a identificar las raíces espirituales de subversión, a efectos de componer una imagen del subversivo apta para el consumo de los represores. "Pensar la Argentina" es un testimonio documental de cómo muchos intelectuales, -hoy arrepentidos-, planificaban la construcción de una Nueva Argentina a partir de los logros alcanzados por el gobierno militar de 1976.

¿Por qué el bando de los vencedores no tuvo una bibliografía

más extensa? Hay dos respuestas: ellos contaban el consenso político y con la solidaridad de todos los medios de comunicación de masa. Entonces: ¿para qué iban a tomarse el trabajo de agregar precisiones por escrito?

 

Los vencedores callan

El segundo motivo es la dificultad para controlar las consecuencias de los libros. Recuérdense los penosos efectos del libro de Camps (Caso Timerman, Punto final) que mostró la inconveniencia de narrar la historia desde el punto de vista de los circunstanciales vencedores, aunque una editorial del diario La Nación haya atribuído la iniciativa de este libro no al generalato sino a los empresarios periodísticos Máximo Gáinza, -de "La Prensa"- y David Kreiselburd, de los diarios "EI Popular" y "El Día" y de las revistas "Testigo", "Destape" y "Shock".

 

En la primera etapa la ofensiva editorial corrió por cuenta de los vencidos. "A guerra de Argentina", de Marcelo Dias, editado originalmente en Lisboa, hacía la crónica de los sucesos desde la perspectiva de las organizaciones guerrilleras. "Preso sin nombre, Celda sin Número", de Timerman, aparecido en Norteamérica hacia su crónica de la represión desde el punto de vista de un aliado del partido militar circunstancialmente caído en desgracia. "EI vuelo del tigre", de Daniel Moyano, -difundido  en España-; trataba desde la pura ficción los efectos que la acción represiva tenía sobre el ámbito de la cotidianeidad y de la vida privada. Como generalmente suele ocurrir, la verdadera historia se refleja mejor en esta novela que ambienta la guerra contrarrevolucionaria en tramos del folklore norteño, que en la mayoría de los estudios, ensayos y relatos con pretensión "realista". Quizá esto explique la débil acogida del público argentino a la edición que aquí hizo Legasa de la excelente novela de Moyano.

 

 

Los perdedores piensan, narran

Pero los pueblos, que necesitan contarse su historia, no toleran demasiada realidad. La propuesta de Moyano (construir la imagen de una familia "tomada" militarmente) transporta una verdad que las conciencias "tomadas" por el pensamiento oficial no pueden metabolizar.

Jorge Asís, José Amorín, Hugo Foguet, Andrés Rivera, Martín Caparrós, Javier Torre, Jorge Manzur y otra decena de narradores abrazaron el tema en sus novelas y sus cuentos. Portantiero, Altamirano, Guillermo (no "Pacho") O'Donnell, Ozclack, De Riz, De Ipola y una veintena mas lo reflejaron en ensayos y estudios académicos. Ese conjunto de textos elaborados en tiempos de la guerra tiene en coman una misma postura antirrepresiva, que si no es de simpatía hacia los vencidos, contribuye al desenmascaramiento de los victoriosos y de las consecuencias que tuvo la derrota sobre la civilidad neutral.

Otro carácter común de estas obras construidas desde perspectivas ideológicas dispares, es el registro y la evocación de la derrota. Un algún modo, y según se

señaló a propósito de "Flores Robadas en los Jardines de Quilmes", -la primera y mas exitosa ficción sobre el tema-, los registros de la derrota y las evocaciones de las derrotas son parte de un aparato involuntario de celebración de las victorias, especialmente cuando no hay obras de celebración de la victoria porque los victoriosos necesitan hacerla pasar por una derrota.

 

Celebración de la victoriosa derrota

¿O acaso no ha sido derrotado el partido militar en los comicios del 30 de octubre? Para el pensamiento oficial contemporáneo la subversión era una mano podrida, que por torpeza del cirujano se eliminó mediante la amputación de todo el brazo izquierdo. Ahora la democracia, "lograda por la luchas populares", según coincidieron en definirla los secretarios generales de la CGT y del Partido Comunista (...), ha exonerado a los cirujanos ineptos, y se ha hecho cargo de los movimientos del  pobre manco, -ese país-, y se ha hecho cargo del pago de las deudas por él contraídas, y del maquillaje de las distintas partes de su cuerpo en el estado en que se encontraron a la salida del quirófano: los dueños dueños, los expropiados expropiados y los fragmentos perdedores perdidos para siempre.

A falta de un discurso de celebración oficial, los vencedores cuentan con voces oficiosas que oblicuamente asumen su representación.

Por su parte, el llamado "show del horror", esa ceremonia publica de desenterrar cuerpos en fotos y videos para aterrar el pasado haciéndolo actuar como una advertencia sobre el presente.

Es que el orden social no necesita entender, solo precisa hacerse entender. Hace  poco, un columnista del EI Porteño, se refirió a la herencia semántica del proceso, ese léxico falso cuya mera enunciación supone un acuerdo de fondo sobre las reglas del juego. (Por ejemplo, "proceso" supone una conducta del Estado que se inicio recién en marzo de 1976 y concluyó en octubre de 1983; "dictadura militar" propone un ocultamiento de los beneficiarios, -civiles-,  de la redistribución social obrada durante la etapa, etc.). Con imágenes, con contrabandos terminológicos, el orden social se hace entender mejor que con la enunciación de cualquier decálogo de moral pública.

 

Informe Sabato por: Canal 13: la tergiversación tergiversada

Y cuando las imágenes fraguadas puedan tener alguna ambigüedad rápidamente acudir la palabra del Estado para definir como deben interpretarse. Esto pasó con el Informe de la Comisión Sabato. Como si no hubiera sido suficiente la tergiversación que a los millares de testimonios impuso la prolija selección de siete versiones atenuadas hasta la inocuidad, el Informe se difundió al público obediente convertido en un sandwich de precisas actuaciones de la pareja Troccoli-Sabato que lo convirtieron en una mercancía mas de los negocios sucios de la política y del espectáculo. Al respecto, poquísimos espectadores repararon en la escena inicial del falso testimonio: la imagen grabada de un parto normal, con obstetra, partera, mascarilla, camilla e instrumentista. ¿Por qué un parto oficial? El objetivo de agregar este testimonio quizá no ha sido muy consciente por parte de los autores del videofilm. Habrá que interpretarlos: un parto representa el dolor necesario (una buena metáfora oficial de la represión, ¿no es cierto?). Un parto permite emitir los alaridos de dolor de los cuerpos, filmados, contribuyendo al clima de terror con que se quiso describir a los campos de concentración. Un parto es seguido de un nacimiento, y algo, a pesar de la minuciosa compilación de los investigadores, debió haber nacido de la operación quirúrgica oficial. Un parto, en definitiva,  representa a la maternidad y el tema de  la maternidad y de los lazos da sangre fue el leit motiv de la película de la Comisión Sabato: hermanas, madres, abuelas son el grueso de los testimonios  emitidos. (Sólo el relato del obrero Watt se excluyó de esta tendencia). Quizá los cineastas amateurs no lo hayan percibido, pero la traducción del terror a la zona de los vínculos familiares es una operación de despolitización de los sucesos narrados, al tiempo que "justifica" el recurso a la Justicia por "razones de sangre", que demandan una reparación simbólica y remite al olvido a la única  demanda racionalmente valida: la reparación social, que no pueden brindar los cuerpos de los verdugos sino los bienes y las investiduras de quienes los usaron y de quienes abusaron de su obsecuente "obediencia debida".

  

Los intelectuales y el camino correcto

Quizás una de las contribuciones más valiosas del terror de Estado es la perfecta división del espectro político. Desde la posguerra, y en un crescendo que se acentuó con la revolución cubana, el  campo de la izquierda se fue poblando de intelectuales, movidos mas por una búsqueda experimental, o por una de manda de coherencia lógica, que por una necesidad o un interés de clase. AI mostrar los dientes al Estado, se produce una disparada, con lo que se beneficia el campo de la inteligencia, recuperando talentos para su actividad especifica, y se beneficia el campo político, deshaciéndose de ciertos cuadros que acompañaban sus luchas con la frivolidad característica de los intelectuales. La cultura argentina aparece ahora enriquecida con figuras como Portantiero, (que acaba de anunciar que ya no persigue el socialismo, como antaño, sino apenas un reino de ideas más claras), o como el filósofo Terán, que en un ensayo brillantemente escrito se reconoce como parte de "una tendencia que apostó con furor y fue derrotada con crueldad", a partir de lo cual renuncia al marxismo, eso sí, "sin abandonar la premisa de que  la desigualdad económica es una iniquidad entre los hombres". (Cualquier conocedor del marxismo se asombraría al observar que se abandona la parte mas sólida de esta corriente de pensamiento, -sus premisas teóricas y metodológicas-, al tiempo que se conservan sus dogmas morales mas controvertidos, por ejemplo, esa premisa que se obstina en llamar "inicua" a la característica primordial de las sociedades humanas: ¡así son de asombroso los efectos del terror de Estado!)

Los libros, como las ideas, son consecuencia de la historia, pero también son  historia, y hacen historia. El ensayo, la novela y el informe científico que se van a comentar, están llenos de consecuencias de la historia reciente, y cada uno con sus bellezas y sus torpezas, ayuda a construir la historia que ahora empieza a empezar.

 

Giussani: La soberbia escrita

Giussani escribe mal, muy mal. EI libro empieza así: "En mi infancia viví con la curiosa convicción de que las cosas tenían doble naturaleza...". El lector se pregunta como alguien, puede considerar "curiosa" a una convicción propia. Como para responderle, el segundo párrafo del libro cuenta: "No sé en qué momento llegué a esta extraña conclusión...", pero el lector, vuelve a pensar: ¡Cómo alguien puede considerar "extraña" a una "conclusión" propia? La respuesta no se hace esperar: renglones adelante Giussani narra que considera a sus "curiosas conclusiones" y a sos "extrañas convicciones" "una sorprendente Weltanshauung infantil”. Es decir, a la edad en que todos los chicos juegan a la pelota, Giussani ya tenia "cosmovisiones"... ¡Y en alemán...!

Todo esto es un truco para impostar a un ensayista inteligente: basta una infancia prodigiosa de niño sabio, para dotar a cualquiera del derecho a reflexionar cuando esta entrando en la vejez. Giussani tiene cincuenta y tantos años.  De joven fue fascista; hacia 1961 fue propagandista del castrismo; después aceptó un empleo en los aparatos de difusión montoneros. También fue empleado de Associated Press en New York, del periódico amarillo-culto "La Opinión", de Buenos Aires, y ahora trabaja en Roma, en la agencia Inter Press. Con semejante carrera asalariada, sólo una infancia mágica puede autorizarlo a opinar por primera vez en su vida, "desinteresadamente".

¿Desinteresadamente? No: el libro dice tratar sobre los montoneros, pero limita su consideración a unos pocos personajes pertenecientes al grupo, todos ellos del ámbito de amigos y conocidos de su red de relaciones amistosas. Hay centenares de libros escritos sobre organizaciones armadas: Giussani recurre solamente a un informe, no dedicado a los montoneros sino a una minúscula secta ultraizquierdista italiana. Con este aporte "empírico" puede extraerse cualquier conclusión. La de Giussani es convergente con el pensamiento oficial argentino: el terror de estado fue desatado por la guerrilla (él sindica en los Tupamaru la primera movida), las democracias latinoamericanas fueron conducidas al estado terrorista por culpa de las sectas ultraizquierdistas, y los rasgos psicológicos que su relato define como características del montonero ideal coinciden plenamente con su definición del fascista-ideal. No hay el menor análisis de qué es el fascismo; tampoco hay en la obra la menor observación de las características de la organización y de la actividad montonera. EI lector pasa todo por alto: la gente cree en Giussani porque fue un niño prodigio, porque fue amigo personal de Urondo, porque en el conjunto de su discurrir rescata -inexplicablemente-, la figura mítica del Che que adoran los adolescentes de Barrio Norte, porque juega con la imagen de Adriana, (una niña de su entorno familiar que abrazó la causa montonera y perdió la vida) y porque todo el libro esta poblado de golpes bajos y de falsa erudición.

Al respecto, dice Giussani: "los montoneros, aprisionados por formas wagnerianas, acaban por resumirse como elite nibelunga". Es posible que a italiano “nibelungo" le suene a elite de alta (lunga) estatura, pero en la obra wagneriana, (que jamás “aprisionó" a los montoneros), los nibelungos eran unos enanitos hijoputescos, y nunca fueron una elite militar, ni política.

A lo largo de las cien primeras páginas de libro se pueden hallar no menos de cincuenta citas de ficticia erudición, ese método patentado por Sebrelli para sus olvidables best-sellers y oportunamente denunciado por Massota y Verón. Obsérvese una al azar: “la violencia encarada como estimulo de una contrarrevolución concientizante como modo de llevar al plano de la objetividad visible un fascismo que de otro modo no alcanzaba a ser materia de persuasión en un mero intercambio de subjetividades". Frase que quiso significar que los montoneros son fascistas que provocan a la democracia para que ésta reaccione y vuelva real y creíble la fantasía que ellos se hacen sobre el carácter del Estado.

        Nadie sabe qué es Giussani, salvo que es un periodista profesional. Pero su, libro es radical: comparte los mismos esquemas y los mismos fantasmas que el pensamiento oficial argentino contemporáneo. Como éste, cree en la oposición civilizados-bárbaros. Como éste, está anclado en las creencias de la Europa de principios de siglo. Para Giussani, los salvajes son prelógicos, porque explican la lluvia por el llanto de un dios (pag.12), en cambio los modernos, los no-fascistas, los, periodistas responsables, saben bien que (pag.12) "la lluvia se encuentra provocada por bolsones de baja presión que atraen y concentran en una relación de causa y efecto a las nubes dispersas en áreas de alta presión". Es un libro que ha tenido mucho éxito y que ha recogido comentarios elogiosos de la prensa oficial: basta saber leer, o conocer un poco de meteorología para advertir que se trata de un zurcido de patrañas, de mala fe y de mala información.

 

Recuerdos de algún vivo

¿Importa el arte narrativo? A algunos sí, -yo entre ellos-; para otros, el arte de narrar es cosa del pasado. Recuerdos de la Muerte es una obra maestra del arte de narrar. Nadie podrá jamás calcular la responsabilidad que corresponde a Miguel Bonasso en el conjunto de errores tácticos y estratégicos de la organización Montoneros, a cuyo comando perteneció durante buena parte de su historia; tampoco importa juzgar esa responsabilidad: si la figura "obediencia debida" sirve para sobreseer a muchos, la figura "rebelión justificada" (por la dictadura militar de 1966 y por el lopezreguismo que cundió desde 1973), torna ociosa cualquier atribución de responsabilidades a los compañeros de banda   de Bonasso.

Pero un balance es necesario: ¿cuánto perdió la literatura durante el largo periodo en que Bonasso se ocupaba de hacer la revolución en lugar de dedicarse a algo para lo que se encuentra tan bien dotado?

 Y otro alance es imprescindible: ¿cuánto perdió el público por el afán, que bajo un disfraz testimonial, pone Bonasso en ocultar los entretelones que el país necesita conocer sobre la interna montonera, que él bien conoce y que su libro no deja traslucir?

En mi columna de Primera Plana (Nº 60, 22-6-1984), comparé someramente la narrativa de Bonasso con la del malogrado Rodolfo Walsh. Si éste había fundado, con el recurso periodístico, una literatura-verdad, el mismo género le sirve a Bonasso para iniciar un retorno a la ficción, o a la literatura-mentira.

Porque el manejo de información de primera fuente, y los recursos de verosimilización que le permiten recrear la escenografía represiva, arman en "Recuerdos de la Muerte" un espacio que solo sirve para la adulteración de la verdad histórica.

Tal como Giussani se da maña para rescatar las figuras míticas de Guevara y Urondo deslindándolas de su imaginario enemigo subversivo, Bonasso consigue eludir explicaciones sobre las sinuosas componendas políticas de su organización, especialmente aquellas concertadas con sus enemigos en tiempos en que, como encargado de prensa, él bien podría testimoniar.

Todo lo que se puede perdonar a un best-seller de aventuras resulta imperdonable en una novela de personajes y eventos reales, porque ese "azar" que conduce los acontecimientos en la narrativa de ficción, tiene un significado político que esta realidad novelada debió haber expuesto al lector. No se trata solamente de la explicación del privilegiado status que muchos oficiales montoneros disfrutaron en los campos

de concentración, ni de otras curiosidades que testimonia el libro. La misma historia del personaje central, -alguien real, con quien un día de estos podríamos tropezar por Buenos Aires, o Rosario, o Managua-, pide una explicación que nadie exigiría a un personaje de aventuras. Es tiroteado, pero no muere. Toma su cianuro, pero no se envenena. Es torturado, pero no "canta", a pesar de lo cual pasa a la zona de la ESMA donde se disfruta de trato caballeresco. No es leal a sus captores, pero le permiten salir a las cabinas de ENTel para hablar por larga distancia. No es colaboracionista, pero acompaña a los esbirros al aeropuerto para identificar a miembros de la organización que ingresan clandestinamente. No identifica a nadie, pero lo llevan a la frontera con Paraguay para otros operativos de identificación. Está custodiado, pero convence a sus guardias de las ventajas de cruzar el río para hacer compras en la otra orilla. Puede escapar, y una vez libre, se reporta a la dirección de Montoneros y acepta someterse a un tribunal. Su historia parece increíble, pero, por otro azar, tres miembros de la organización oyen a través de las paredes de un cuarto de hotel la conversación de tres represores, cuyo contenido prueba la buena conducta del militante, que solo es sometido a una disminución de su preciado rango militar.

Al pasar de su oficio de revolucionario profesional a este nuevo de escritor profesional, Bonasso ha ganado en calidad de su producto. Es de esperar que en su obra venidera cuente las aventuras de alguien sometido a esa forma sutil de la represión que es el ocultamiento de la verdad y la adulteración de la historia.

 

¿Ejercicio? ¿Posible?

"Los hechos armados: un ejercicio posible" ha sido editada por CICSO, centro de investigaciones que es reconocido académicamente desde 1966. No es una obra de ficción, ni un ensayo. Tampoco es una investigación social: contiene una investigación social atendida ritualmente al criterio metodológico del positivismo, pero excede ampliamente el marco de sus posibilidades.

La investigación (Ver pág. 31) se basa en un análisis estadístico de los registros de prensa, y viene a probar dos cosas:1) la falsedad de los discursos oficiales (del peronismo, del "proceso", del régimen radical) acerca de la subversión, y 2) la incidencia que este discurso tiene sobre los intelectuales. Basta leer las estadísticas compiladas para conmover toda la representación que nuestra memoria tiene de hechos tan recientes, y para insinuar cómo el terror de Estado ha promovido en cada uno de nosotros  una "compilación" errónea de los hechos que fuimos viviendo día tras día: agrupados por el computador los ocho millares de hechos de violencia que se registraron durante el gobierno del FREJULI muestran datos diferentes a los que archivaba la atosigada memoria del público.

La doctrina que Juan Carlos Marín expone a lo largo del libro poco tiene que ver con el modelo positivista -"objetivo"- de su investigación. Si en la computadora colocó una precisa codificación de registros de prensa para extraer cuadros estadísticos, en su discurso colocó un cocktail teórico donde a la metodología del positivismo durkheimiano se agregan la teoría del poder de Foucault, la epistemología racionalista de Bachelard, la sociología neokantiana de Weber la teoría del estado de Lenin, el endeble "materialismo dialéctico" de Engels, la economía política del Marx del Capital, el pensamiento romántico del joven Marx, y todo esto bajo una invocación a postulados del epistemólogo Mario Bunge.

        El resultado de tanto eclecticismo es una doctrina no menos sorprendente que los out puts de la computadora:1) la violencia, mas que una fuerza política es una potencia económica en las sociedades del Cono Sur, y su función (pag.18) (su "lugar", dice Marín) es la acumulación y la formación de poder en la sociedad. 2) La legalidad burguesa, (es decir: la democracia constitucional), es parte de una estrategia militar (pág. 25) de la burguesía. 3) La burguesía (financiera) se comporta como un estado conquistador (pág. 26), invasor. La iniciativa militar corresponde a la burguesía. 4) la sociedad de clases es un territorio ocupado en condiciones de guerra y los científicos sociales no pueden advertirlo porque han padecido (se refiere a los años recientes) un proceso de desarme intelectual. 5) (con referencia a la reciente guerra sucia). Las tácticas morales y policiales de la represión construían mas cosas (por ejemplo, el "desarme intelectual") que las que destruían con su accionar bélico. 6) EI Cono sur enfrenta una situación de guerra civil que se prolonga a la espera de su resolución por las armas. 7) La guerra no enfrenta "aparatos armados" sino a fuerzas sociales en  pugna, de las que sólo la dominante tiene conciencia de carácter militar del   enfrentamiento que día a día se produce. 8) La burguesía, que tiene el monopolio de la fuerza malestar, no cae en un "reduccionismo militarista” y nunca deja de advertir que la lucha reviste un carácter político, social, moral... es decir, un carácter de clase.

¿Hacia dónde conduce este balance? Según Marín, -según el tercer párrafo  de la primera pagina de su libro-, lleva a un diagnóstico de Argentina. Trelew prefigura e! período que pasó Ezeiza prefigura el próximo. Trelew fue el fusilamiento clandestino que se generaliza en 1976. En Ezeiza las masas presenciaron una imágen profética de Argentina: la lucha a campo abierto... "

Se sabe; Ezeiza significa dos cosas: el lugar elegido por la alianza militar-lopezreguista para celebrar con una masacre el retorno de Perón, y el lugar elegido para salir de las líneas de fuego por todos los emigrados. Marín reside, actualmente en México."

 

 


 


 

Héctor Viel Temperley

 

Desde Poemas con caballos (1956) hasta Hospital británico, aparecido poco antes de su muerte en 1987, Héctor Viel Temperley publicó nueve libros, pero sólo alcanzó alguna difusión a partir del penúltimo, Crawl (1982). Las dos notas siguientes introducen una breve antología de la obra de este poeta, nacido en Buenos Aires.

La consagración del Poeta Menor

ESCRIBIR, HABLAR, RECORDAR: el poema “El Escorial”, de la página 43 de Legión Extranjera, testimonia la primera revelación en la carrera de Viel. Apareció en 1978 y  hasta allí Viel ha escrito mucho ha ubicado media docena de libros: una obra tan inolvidable e intrascendente como la que integran los millares de libros de versos que anualmente se editan a expensas de la fortuna, los ahorros o la picardía de sus autores. La aparición de Crawl (1983) y Hospital Británico (1986), y una calculada intervención crítica que orientó la lectura de ambos, libraron a la obra anterior a 1978 de la ironía y el desgano que encuadran la lectura de tanta poesía menor.

Hasta Legión Extranjera, Viel también ha hablado mucho. La poesía -como Ia cortesía y la mundanidad- es motivo de charla y en mesas, “barras” de amigos y barras de boliche, la embriaguez del alcohol  y  del reconocimiento interpersonal se confunden con la embriaguez poética. En ese espacio Viel es objeto de una admiración confusa, que no puede discriminar su adhesión a un nombre, a un hombre y a su pasión por la obra, de su obra, de su estado de pasión: su fuerza. Las presentaciones que se escribieron a sus libros, ocasionales comentarios de la crítica oficial, y una Faja de Honor que infligió la SADE a sus primeros poemas prueba ese vínculo y  -a la luz de su obra ulterior- vuelven a probar también que Ia poesía tiende a

irrumpir en cualquier parte: hasta en el fango tibio de la trivialidad literaria.

Escribir y hablar, leer hablado, escrito y apreciado por el justo amigo son las tareas del poeta menor. El poema “El Escorial” es, en su primer terso (¿), un producto de este tipo de actividad. La primera parte parece un clásico poema de Viel: hay una colección de imágenes felices, un buen paso de marcha, sugestivas visiones burguesas de la infancia, del primer amor, de la arquitectura, de decoración, las actividades creativas y el turismo, todo en sostenido por una voz que prendió a citar y a recitar a través de lecturas, coloquios y previsibles ejercicios de seducción oral. Pero *hacía su segundo tercio el poema es interrumpido dos veces por una voz ajena en la que se pueden reconocer los énfasis camperos de Miguel Briante. En Ia primera,                   ................................................ (FALTA LINEA EN FOTOCOPIA) responde: “no estoy escribiendo, estoy hablando” En la segunda, la voz concede: “me gusta esa manera de hablar” y el poema corrige: “no estoy hablando, estoy recordando”. Le escribí  a  Viel  que  a  su interlocutor narrativo le faltaba la tercera negación “me gusta esa manera de recordar” y su respuesta probable: “no estoy recordando, estoy haciendo” y Viel me escribió que ése era justo el tema del libro que estaba a punto de publicar.

 

ARRASTRARSE: Se trataba de Crawl que aparecería en 1983. A Viel –medio inglés- no se le pudo escapar la etimología del nombre de ese estilo de natación. Coma el sacramento de la comunión de los católicos ese leit-motiv de los tres poemas del libro, algún crítico oficial mecanografió elogios de  circunstancia que aparecieron un domingo en el diario La Nación. Leerlos fue como descubrir el homenaje que la sociedad argentina de propietarios de herrerías pudo haber ofrecido en oportunidad de la primera edición de Martín Fierro. Crawl elegía el nombre de ese estilo de nadar para representar un estilo de negociar con la nada. El tratamiento visual de los textos alude a las relaciones que percibe entre su aliento y el espacio visual el que nada. Y las variaciones métricas replican las alternancias entre hiperventilación y fatiga que padece el nadador: el tema terreno de la obra, tal como el principio técnico del referido estilo de nadar, es la respiración. Una carta de Viel respondiendo a estos comentarios que publiqué en 1983 me confirmó que él había trabajado conscientemente sobre ese sistema de relaciones. Sin embargo -confesó-, jamás había hecho contacto con dos obras contemporáneas que procesaban esa misma materia: Je t’aime-Je t’aime de Resnais y Nadie Nada Nunca de Saer. Ambas, en efecto, construyeron un sistema semejante con las mismas relaciones ................................................ (FALTA LINEA EN FOTOCOPIA) memoria, la entrega a una situación física extrema, la obnubilación de la fatiga y la vida. Yo estaba loco y la reflexión y la escritura sobre esa mitología en estado naciente que creía ver me parecía reveladora de una verdad que se me escapaba tras cada brazada. Estaba loco: pero, no era el objeto de la poesía la producción de esa locura dirigida, de esa alucinación cognitiva bajo control...? En la revista progre El Porteño puse que Crawl no era un libro sobre la comunión sino sobre la respiración –esto antes de que el pulmón del poeta se convirtiese en una fuente de noticias poéticas sobre el sentido de la vida- y años después Viel se ocupó de subrayar todos los fragmentos de su obra que anticipaban la escenografía del final; parte de este trabajo se volcó en Hospital Británico. Yo estaba loco y en todo lo que fui escribiendo sobre Viel y para Viel buscaba confirmar algo que él nunca terminaría de aprobar: el carácter convencional de la Fe. Yo creía reconocer tres sistemas isomorfos de prácticas sociales urbanas: el culto religioso, el deporte y la poesía, y creía ver en el poema la referencia de uno a otro destinada a componer una monstruosa alegoría de un cuarto sistema que no terminábamos de asir ni de nombrar; llamémosle “la vida”, esa pregunta sobre qué hacer con nuestro tiempo, esa pujanza hacia delante que nunca acabaremos de aprender a administrar. La poesía, el culto, el deporte y finalmente, tal vez la vida, los cuatro -creía yo- arrancan por una primera entrega a la convención: la sumisión a reglas que imponen ejecutar eso que el cuerpo -uno mismo, lo que Es (*)- jamás tendería a hacer espontáneamente. El aprendizaje de la natación y crawl lo representan enfáticamente: no respirar para salvar el aire, arrastrarse para seguir en la superficie, mirar a un lado para avanzar mejor hacia a adelante, resignarse a ver el mundo parcial y transversalmente para conservar la horizontalidad. En el crawl, como en el rito religioso y en la poesía perfección del estilo es condición indispensable de la eficacia en la vida?

 

A LAMUERTE: En la vida no hay  tal eficacia, se obstinaba en creer Viel en nombre de su Iglesia. Fue el poeta del espacio burgués argentino: ................................................ (FALTA LINEA EN FOTOCOPIA) caballos, campos, veleros, barrios, muebles, fusiles, soldaditos, nuestras minas, nuestros cuerpos templados por la gimnasia y el turismo y entre todo eso, también nuestra Iglesia, ese service de santidad donde “beso a Cristo y me beso a mí mismo en él”, según confiesa en sus últimos días. Pienso que esa contradicción entre el goce narcisista -su “éxtasis” de comunión- como apropiación privada de la Santidad y las pretensiones de universalidad del cristianismo es inseparable de la grandeza perdurable de su poesía

Rodolfo E. Fogwill

(*) “voy hacia lo que menos conocí: voy hacia mi cuerpo” (H.B.)

Notas de lectura

No se capta todo el valor de la poesía de Viel Temperley leyendo poemas aislados. A veces están relacionados entre sí, y suele ocurrir que un poema aluda a algo que ya está en otro libro (un efecto de sobreimpresión, de dejá vu, -de “cosa vivida”- de la experiencia evocada) Leyéndolos de a uno, además, no se sintoniza bien cierto tono que los envuelve y del que depende en parte su sentido.

Lo más evidente y singular elevada religiosidad (cristiana); y, al mismo tiempo, una sensualidad material -directamente referida a lo sexual, a menudo- que lo impregna todo, sin descartar ciertas formas aberrantes (hacerse lamer la pija por una perra) o herejías (comparar el blanco de la hostia con el del semen).

“Intensidad de vivir”, vitalismo. Un vivir siempre a prueba. Ciertos actos (nadar, encender fuego, cabalgar, hachar, y, por supuesto, coger) como medios de contacto con algo que los excede y, a la vez -esto no es tan contradictorio como parece, como experiencias absolutas en sí mismas. ¿Tocar lo esencial a través de la experiencia? ¿Encontrar a Dios agotando la acción? Vitalismo y espiritualismo, en el caso de VT, son lo mismo.

Constante e impúdica presencia de la primera persona y un discurso que parece animado por una intención con ................................................ (FALTA LINEA EN FOTOCOPIA) que los vuelve especialmente interesante es su insensatez vinculada a cierto extraño aire de sinceridad. Lo que convence poéticamente no es aquí el artificio escritural sino lo aparentemente contrario: la sensación de estar ante una carencia absoluta de artificios.

El efecto es de inocencia como la de alguien “virgen” de literatura. Raro caso en la poesía argentina contemporánea no hay casi referencias intertextuales, casi no existe inflexión sobre la poesía o sobre lenguaje. Del mismo modo, también muy infrecuente -...........ría que completamente anón.....lo, hoy-  encontrar una poesía tan desprovista de recelo. La suya, increíblemente, es poesía celebratoria, no crítica, casi nunca melancólica.

Algo así como una visión distorsionada, excéntrica, de todo lo que se ve. No exactamente delirante sino desquiciada, no alucinada (a lo Ribaud) sino como proveniente de un ser de otro planeta, que encuentra valores o datos significativos ahí donde uno corrientemente no los encuentra.

Más que ingenuidad, d.... intelectualización. Más que inocencia, tal vez, no dar por sentado lo que damos por sentado habitualmente. Una especie de afortunada incontinencia pero no de lenguaje, sino como la de los chicos, que suelen sorprendernos cuando profieren alguna ocurrencia porque todavía no aprendieron qué debe decirse y qué no, que se atreven a expresar su pensamiento sin especulaciones.

Ciertas imágenes adquieren categoría de visión absoluta: el árbol joven frente al mar. Todo se hace revelador: un animal, un objeto, un letrero. ¿Epifanía, iluminación? Sobre todo, aquello que Lezama Lima llamaba “el súbito”: la emergencia de lo incondicionado en una línea causal.

Productividad poética de las obsesiones. Insistir en lo mismo puede hartar, y a veces ocurre, pero en ciertos casos eso es lo poético. Volver a lo mismo es un reencuentro. Pensar en los mitos según Pavese: la escena ya conocida (ya leída antes) adquiere categoría de arquetipo ante nuestros ojos. Cada acto repitiéndose una y otra vez es como si fuera depurándose de lo momentáneo, se vuelve eterno purísimo.

Rodeando la irrupción de la poesía, muchos momentos -sobre todo en los primeros libros- de prescindible declaracionismo fervoroso. Si es cierto que pocos poemas están libres de zonas débiles, también son pocos aquellos donde alguna vez emerge algo verdadero e intenso, y con tanta fuerza propia como para que los pasajes olvidables queden iluminados por esa intensidad.

En los últimos libros, Viel se vuelve herrnético y fragmentario. ¿De qué está hablando?, se pregunta quien -es mi caso- empezó a leerlo desde Crawl. Ese efecto, bello y seductor, se atenúa si antes se leyeron los otros títulos, a la vez que su sentido se intensifica

 

 

 


 

 

MI PADRE

Poemas de Arturo Carrera

Ed. de la Flor, 1985

 

 

La noche escribe”, escribió Severo Sarduy al presentar el primer libro de Carrera, editado por Sudamericana. Era 1972, un tiempo diurno, época de planes, obviedades y buenas intenciones. Pero Carrera, venía en otro plan. Contra aquel idealismo de la “realidad”, traía una poética materialista, destinada a denunciar la materialidad del texto. Sus poemas invertidos, -tipos blancos sobre un fondo de papel uniformemente neqro-, anunciaban la ineludible materialidad del arte, y denunciaban los intentos de iluminación pautados por la época. Su segundo libro, “Oro” presentado en 1975 por la misma editorial, insistía en la propuesta, orientándola hacia el léxico, otro aspecto de la materialidad. No trataba, como se pudo creer, sobre todo lo que reluce, sino sobre el oro americano el tesoro de esta lengua inseminada por la colonización. Desde entonces, la carrera del autor es tan diferencial  como su propuesta literaria. Unico, entre los poetas menores de sesenta años, -Carrera, nació en 1948-, pudo sortear las inevitables “ediciones de autor”; y transgredir las aduanas culturales con frecuentes traducciones francesas y americanas.

Coherente, sus libros ejecutan un programa preciso. De los siete editados, solo “Ciudad del Colibrí”, antología de fragmentos de su obra publicada en España, sale de su plan. 1982: “La partera canta”, -poética de femeneidad, la genitalidad y el parto-1983; “Arturo y yo” -poética del narcisismo como campo de reflexión especular de las relaciones individuo-especie;  1985: “Mi Padre”, exploración poética de la filialidad. Recientemente, un anticipo publicado por la revista de la librería Fausto, confirma la tendencia: su próximo libro, “Childrens Corner “ es un trabajo sobre la mirada paterna.

Un padre es una maquina de ocultar la realidad”, copiaron de Mishima en la primera página de esta edición de “Mi padre” que patrocinó financieramente el Fondo Nacional de las Artes.

Pero lo peor del padre, no es el programa genético que lo condena a urdir mentiras: Lo peor es el plan cultural que le impone creer que representa la realidad. El libro de Carrera es una máquina preparada para desmantelar esa creencia. El padre muerto del poeta argentino, no está canonizado en el cielo del renacimiento, como en Manrique, para fundar una ética del señorío, está en el imaginario poético, amado y desenmascarado, para corroborar una ética de la productividad de la poesía.

“Padre que muere, nace infinitas veces, y su nacer y morir no son yo sino elIos: infinitas veces el cuerpo...” “La historia es de mi padre, y yo soy el escriba...” “El padre... alguien que se acumula y desvanece...” “Papito...”: testimonios de una poesía no-citable, porque no se compone de frases ni de sentido, (“para ser leída”), sino de trabajo sobre el sentido de todas las frases, para ser leído leyéndola.

 

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La politica cultural del gobierno democratico

ENERO DE 1984

 

 

 

La política que, en materia de cultura será objeto, de aquí en más, de nuestro aporte y de nuestra crítica. En estas páginas opina un escritor y colaborador de publicaciones culturales.

“Política cultural” es, una expresión que le queda muy grande al radicalismo. Como un gran sindicato, un club de fútbol, o una empresa petrolera, el régimen alfonsinista se desplaza según un orden que no es su política cultural sino el resultado de las pesadas circunstancias que lo rodean. Este carácter circunstancial, o “realista”, que puede verificarse en su práctica cultural, es una nota común a todos los aspectos de la gestión alfonsinista, con la probable excepción de su programada ortodoxia republicana y su formalismo democrático.

Precisamente es el “formalismo” la razón de ser de esta nueva escenografía del Estado. Ejecutada una fuerte redistribución de riqueza, redistribuido, mediante el ejercicio del terror, el poder de las armas y de las organizaciones, el Estado argentino necesita ahora un impasse en el que imperen el respeto, la tolerancia, la convivencia; y sobre todo las “garantías” para que el saldo positivo de la distribución de la·rlt, ee:

queza y el poder se conserve en el nivel actual. Cuando se indica -al referirse al  nuevo gobierno- que es la continuidad natural del “Proceso”, debe entenderse la permanencia de algo que va más allá de las anécdotas (préstamo de funcionarios radicales a la administración militar, pase de estrategas del gabinete de Videla al entorno de Alfonsín, intercambio de saludos y prestaciones entre el equipo Prebisch y la  dupla Wehbe-G. del Solar, etc.). Como bien lo estableció Juan Aleman, más que a su eficiente equipo de marketing electoral es al régimen económico de Martínez de Hoz a quien debe agradecer su éxito el radicalismo. En una lectura extrema, el  formalismo radical no es sino la legitimación de un orden social construido sobre el delirio y el terror. Los frigeristas lo comprendieron así, cuando anunciaban que para las elecciones del 30 de octubre, el Proceso ofertaba dos alternativas de continuidad al mercado de votos. Si el justicialismo parecía conceder a los jefes del proceso mayores garantías de seguridad personal, el plan alfonsinista prometía mayor permanencia a los logros socioeconómicos del régimen militar. Caotizado y con sus mejores cuadros de recambio en el exilio o en las listas de desaparecidos, el peronismo tuvo una íntima donde patotas, servicios oficiales y policiales, proscripciones y dólares multinacionales coadyuvaron para la producción de una mercancía invendible: Luder. De todos modos, se votaba por un retorno a 1976, o por un retomo a 1853. Ganó esta última ilusión, invocada por una oración cívica de alcance conmovedor para la muchedumbre que pronuncia correctamente las eses finales. En diciembre recomenzó 1853, y, como entonces, tendremos nuestros Urquiza; nuestros pequeños Alberdi, nuestros Sarmiento y nuestros indios. Ya derrotada le barbarie, la civilización radical propone al mundo, una Argentina semindustrial y semicolonial, donde dos tercios de sus habitantes podrán vivir en armonía y bienestar. El arte de la política cultural que el nuevo régimen atine a darse, consistirá en generar las condiciones que amalgamen a ese sesenta o setenta por ciento de los argentinos, otorgándole su identidad moderna, europea, social y democrática, al tiempo que se elaboran los signos idóneos para   convencer al treinta o cuarenta por ciento que está fuera del juego, que si no participa del nuevo paraíso es por su propia culpa. Ese tercio que quedó afuera serán los nuevos indios de esta remake del 53, y andarán por ahí mientras las Provincias Unidas siguen aguardando al nuevo General Roca que los remita a las tolderías.

Pero tal como el proyecto alfonsinista no puede sostener la disciplina obrera desmontando la burocracia sindical, y así como la escuela de Villa Grinspun no podrá reducir el déficit fiscal y la inflación derivando la emisión al “crédito productivo”, tampoco puede ser viable este plan cultural. Ni los beneficiarios del nuevo paraíso demócrata-social se considerarán amortizados por la salud barata; los impuestos  progresivos y la copa de leche, ni las tribus que el Proceso condenó a la marginalidad se van a dejar convencer de que la civilización es una cuestión de piel y de lenguaje ni habrá “teatros abiertos” que puedan mantenerlas quietas por mucho tiempo en las butacas.

Porque aunque pueda convocar la adhesión de algunos teóricos que en 1973 tironeaban de las frases de Gramsci para justificar las “formaciones especiales”, y ahora postulan el nuevo orden socialdemócrata, el alfonsinismo, alienado por su propensión el marketing y a los éxitos tácticos, no alcanza a comprender la naturaleza  ni la función de le cultura. Agregaría más; en todas las esferas de la administración  radical predomina una absoluta ignorancia del tema.

No es el caso de cotejar el salón literario radical con las elites de 1853, o de 1880. Tampoco se propone una comparación con los parnasos de Moscú 1918 o París 1946. Bastará recordar la eficacia (en términos de su capacidad para cumplir los objetivos fijados) del proyecto cultural peronista, del aramburista, y del de la Revolución Argentina para notar que el régimen actual suma a su pobreza de cuadros una pobreza general de ideas y una confusión conceptual que haría reír a coro a Mariano Castex y Mariano Grondona si de nuevo Onganía los convocase a su despacho.

A poco que se revise el proyecto radical, se detectarán tres errores de superficie, los mismos que se arrastran desde las primeras escaramuzas; de Renovación y Cambio:

1.     Concepción de la cultura como una parte del tiempo libre

A partir de esta creencia pequeño burguesa, la familia, la fábrica, la iglesia, la escuela, los sindicatos y las asociaciones voluntarias no son alcanzados por la planificación cultural. Esta doctrina no surge solamente de la ignorancia, por cuanto es una creencia útil al régimen que necesita desarraigar la reflexión de la sociedad sobre sus conflictos.

2. Imagen de la cultura como una actividad de tiempo libre vinculada al negocio del espectáculo

Esta ilusión radical es consecuencia -y a su vez fuente de realimentación- de la peculiar composición del equipo cultural alfonsinista. En efecto, escasean -o están ausente de él-, los poetas, los teólogos, los filósofos, los artesanos, los pintores, los compositores clásicos y los arquitectos, y predominan en cambio las “estrellas”, los directores de cine y de teatro, los guionistas y dramaturgos, los cineastas y los narradores de géneros fácilmente convertibles en paparrucha televisable.

3. Representación de la cultura como algo “espectacular” que se difunde mediante “eventos” y en base a “figuras”

A esta imagen de la cultura ha habituado, la prensa y la televisión, donde todo es “importante” y se procesa en “ciclos”, “encuentros”, “festivales”, “ferias” y todo se jerarquiza según el “rating” que aporta cada “personalidadad”.

Los tres errores enumerados, visibles en la cholula superfcie del escueto proyecto radical; responden a una ideología que entiende a la cultura como una formaelevadade la diversión, y que imagina a la creación como un fenómeno irregular, y diferente de la vida cotidiana del común de los hombres.

En resumen, estamos viendo un esquema